Desmotivación en los niños para estudiar y hacer sus deberes

En la actualidad, el número de niños que presentan desmotivación por hacer tareas y estudios escolares se ha disparado.

Los padres están preocupados porque se ven incapaces de generar en los pequeños una motivación óptima para el estudio. Su desmotivación los impide ejecutar sus tareas y estudios de forma autónoma y con responsabilidad, y sus progenitores sienten que deben estar detrás de ellos de forma continuada.

Una de las variables que explican la problemática de la desmotivación es el uso descontrolado y desmesurado de recursos tecnológicos tales como móviles, videoconsolas, ordenadores o redes sociales. En este tipo de actividades, los chicos obtienen mucha gratificación/satisfacción realizando poco esfuerzo. Si desde una edad temprana los pequeños se acostumbran a ejecutar tareas que suponen mucha gratificación con poco esfuerzo, no desarrollan la capacidad de esforzarse. Tampoco logran mantenerse motivados con la demora de la gratificación:

“si estás acostumbrado a recibir una alta satisfacción instantánea con escaso desempeño, ¿cómo te esforzarás seriamente para obtener la gratificación demorada que requieren las tareas y estudios?”

Imagen de niños jugando a videojuegos tumbados en la cama.

desmotivación estudios

Aconsejamos: ayudar a los niños a que hagan un uso moderado de esta tecnología. Resulta importante involucrarlos en otras actividades de ocio (actividades deportivas, salidas al parque) y además establecer una pauta de uso tanto durante la semana como en el fin de semana.  Restringírselo durante la semana no es positivo; generamos una privación que conduce al desenfreno e incrementamos el problema al concentrarlo durante el fin de semana.

Otra de las variables que podrían explicar la desmotivación es que el sistema evalúa. En muchas ocasiones enfocamos a los niños solo a ese objetivo: la obtención de una nota. Esta meta exclusivamente numérica determina presión, tensión y conduce a la obligación. Esta última envuelve el acto del estudio en una connotación negativa de rutina y agobio.

Para que un niño esté motivado tiene que existir en el estudio y tareas escolares un acto de enriquecimiento; de reto a superar, crecimiento, aprendizaje y autoconocimiento. La obligatoriedad aleja de estos objetivos.

Aconsejamos: no hablar a los niños de notas “mínimo un seis”, «qué bien este siete”; sino del aprendizaje, de la posterior superación. Ejemplo: “genial Hugo, esto refleja que has aprendido un montón. Hay que seguir estudiando para continuar aprendiendo como hasta ahora”.

Otra variable explicativa del fenómeno desmotivacional es que los padres enfocan las tareas y estudios como una obligación del niño: “es tu obligación estudiar como la mía trabajar”. Así, la actitud de los padres es: “has de hacerlo porque sí”, como obligación. No recorren con los niños el proceso de interiorización del difícil hábito de sentarse a estudiar. Resulta esencial ayudarles a ver todo lo que están aprendiendo, cómo se sienten cuando ven que consiguen el reto de aprender a hacer una suma o una división de dos cifras.

El estudio no es una obligación, sino una actividad que cada niño o adolescente debe aprender a desempeñar voluntariamente. De este modo el posterior adulto encontrará retos y emociones positivas de aprendizaje y de superación.

Si se hace bien desde el principio, cuando los niños toman contacto con las tareas (acompañarles y animarles “fenomenal, ahora hay que aprender los verbos, etc.”) no tendremos problemas. Cuando estos ya han surgido, la motivación se convierte en un camino complicado; que debe ser recorrido por padres, educadores y otros profesionales.