Nuestros niños lo merecen

modelo educativo

Las investigaciones sobre los resultados educativos actuales en nuestra población revelan datos alarmantes que cuestionan su calidad. A la luz de los deficitarios resultados es importante la colaboración de padres, tutores y educadores. Todos debemos tomar conciencia de la necesidad de buscar y promover un cambio en el modelo educativo.

Esta idea de cambio no es nueva, sino que se ha puesto en práctica en numerosas ocasiones. Estamos acostumbrados a escuchar de nuestras instituciones temas como la reforma educativa del año o la modificación de una previa. Sin embargo, tras estas iniciativas, los resultados académicos siguen siendo desastrosos. ¿No sería lógico plantear que el cambio efectivo en materia de educación quizá sea un cambio de concepción, de paradigma?

El modelo educativo actual está basado en ofrecer la misma información, por medio de iguales métodos e idénticos instrumentos de evaluación a una población que por condición biológica natural es diferente. Las investigaciones sobre el cerebro humano y su funcionamiento concluyen que todos los cerebros son distintos. Funcionan y aprenden de forma diferente. Por ello, sería lógico plantearse si el procedimiento de ofrecer la misma materia de igual forma a cerebros tan distintos unos de otros no será una de las variables implicadas en unos resultados educativos tan negativos.

Para entender el planteamiento imaginemos el siguiente supuesto. Un aula en la que el profesor imparte la misma tarea en papel escrito a un niño invidente y a otro sin problemas de visión. El primero no podrá aprender por falta de capacidad, sino porque la escuela no le proporciona los medios adecuados para acceder al conocimiento o aprendizaje. Ahora volvamos al anterior ejemplo, pero aplicado a todos los niños del aula: niños con distintas habilidades, distintas capacidades, distintos intereses, distintas formas de aprender, distintos ritmos cerebrales, etc.

Otro pilar del modelo actual que arroja tan malos resultados es la fragmentación de las materias o conocimientos. Lengua, matemáticas o historia, por separado, en clases de una duración determinada. Esta fragmentación tan marcada provoca que el conocimiento llegue al niño de forma difícil de integrar con su interés, sus experiencias u otros conocimientos. Si no hay integración, el niño no considerará útil ese conocimiento y por tanto no existirá una motivación para su aprendizaje.

 

Propuesta

Por todo ello, es momento de plantearse un cambio profundo de concepto educativo y transitarlo. Una posibilidad según lo analizado sería un modelo integral, holístico e individualizado. Los pilares fundamentales serían:

– Atención a la individualidad: con currículum integrados, flexibles y adaptados a cada alumno. Empleo de métodos didácticos variados y diversidad de instrumentos.

Integración: ausencia de fragmentación, espacios, horarios o materias.

Es nuestra responsabilidad que nuestros niños accedan a una educación de calidad, de la que se sientan partícipes, a través de la cual alcancen el máximo potencial de sus habilidades.

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