La trampa de la felicidad

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Quizás te resulte familiar, por haberlas experimentado o escuchado a alguien cercano, algunas de las siguientes verbalizaciones: “con miedo no puedo hacer” “solo si sé que lo voy a conseguir puedo continuar”, “si estuviera contento o si tuviera ganas, lo haría”, “estudiaría si estuviese motivado“, etc. Del mismo modo, si un amigo nos dice que no tiene ganas de nada, o que no quiere pensar en lo sucedido, es probable que tendamos a aconsejarle que se distraiga, que no piense, que intente olvidarlo…

Muchas de estas verbalizaciones las hemos ido aprendiendo a lo largo de nuestra historia, del mismo modo que la forma de reaccionar ante ellas, mediante diferentes estrategias de evitación de cualquier malestar: dejando de hacer cosas, rumiar en busca de respuestas que en ocasiones no existen, bebiendo, fumando, ocupándonos excesivamente… Todo en busca de esa “eterna felicidad”, entendida como la ausencia de cualquier tipo de malestar. Y todo ello, en un trasfondo social y cultural donde somos constantemente bombardeados con la idea de que el sufrimiento es malo y ha de ser evitado para poder vivir.

Parece que en nuestra sociedad se potencia sentirse bien contrapuesto a la idea del padecimiento, viendo lo primero como normal y lo segundo como anómalo. Se contempla el sufrimiento como negativo e inapropiado para una vida plena. Al vivir continuamente en lucha contra ese sufrimiento, buscamos “sentirnos queridos, pero sin sentirnos mal”, “tener las ideas claras sin tener dudas”, “tener seguridad y control sin equivocarnos ni frustrarnos en el propio camino…”

Afrontando el malestar

¿De qué modo combates esas sensaciones o pensamientos que te visitan? ¿Te dedicas a darle una y mil vueltas en busca de respuestas y soluciones para todo, en busca de control? ¿Eres de los que evitas o escapas de situaciones para no sentir esas sensaciones tan molestas, para no sufrir con ellas? ¿O por el contrario te ocupas permanentemente para no pensar y olvidar?

Es posible que en base a nuestra historia de aprendizaje, vivencias y educación hayamos aprendido a luchar contra todos estos pensamientos y emociones molestas como forma de llegar a esa “felicidad” y hacerlos desaparecer, dejando de lado todo aquello que tiene valor en nuestras vidas.

Estas son algunas de las verbalizaciones que me comentan mis pacientes: “para no sentir ansiedad, he dejado de ir a esas reuniones sociales que tanto malestar me generan, con el tiempo mis amigos ya no cuentan conmigo, me siento sola/o”, “me paso el día pensando el motivo por el que estoy así y siento que ya no me centro en nada, ni en el trabajo, ni en mis hijas, que ya no juego con ellas” , “con esta desconfianza no puedo hacer otra cosa, solo buscar si estoy o no en lo cierto: mirar su móvil, sus redes sociales, preguntarle dónde está a cada momento, qué hace; ya no disfruto de nada, ni de una conversación con una amiga, ni de mi trabajo que antes me apasionaba”.

Sin embargo, ¿qué te dice tu experiencia? ¿Consigues hacer desaparecer permanentemente esas sensaciones, esos pensamientos tan molestos? ¿Cuánta energía dedicas en esa lucha? ¿Tienes la sensación de que ese conflicto mental te aproxima a la vida que quieres, te acerca a aquello que te importa o más bien te aleja? Si ahora mismo tu vida fuera como un jardín, donde las plantas fueran todo eso importante para ti en tu vida (la relación con tus hijos, tu pareja, tu trabajo, estudios…), ¿cómo están cuidadas? ¿Tienen todas las flores que te gustaría? ¿En qué estás invirtiendo tu atención y energía, en lo que te resulta importante y en tus sueños o a esos pensamientos, emociones molestas que no te gustan?

Y si toda la dedicación que inviertes en esa lucha fuese destinada a todo aquello que es importante en tu vida: tu trabajo, familia, amistades… ¿Cómo estaría tu vida en este momento? ¿Cómo se encontrarían tus plantas?

Una moneda con dos caras

¿Y si conceptos como sentirnos amados y decepcionarnos; tener las ideas claras y sentir dudas; sentir miedo e ilusión ante un cambio no fueran más que las dos caras de la misma moneda?

Como mencionábamos antes, fruto de nuestras experiencias y educación recibida hemos aprendido a atender a todos estos pensamientos y sensaciones molestas luchando contra ellas u obedeciéndolas. Como seres humanos, podemos hacer aquello que hemos aprendido a desempeñar, sin embargo siempre podemos darnos la oportunidad de comenzar un proceso de aprendizaje que nos aporte nuevos modos de respuesta ante esos estímulos que no nos agradan, sin que eso que hacemos nos aleje de lo que verdaderamente es importante para nosotros. ¿Te das la oportunidad?

¿A qué quieres dedicar tu tiempo y energía, a pelear con la parte de la moneda que no te gusta o a las actividades que te aproximen a todo aquello relevante para ti, que te conduce a convertirte en la persona que tú quieres ser, a atender con mimo tu jardín personal?

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