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Cómo entender las conductas en los niños y acompañar su desarrollo

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Contenido de este artículo

¿Qué son las conductas en los niños y cuándo pueden indicar un problema?

Los trastornos de conducta se refieren a un amplio rango de dificultades psicológicas que pueden afectar la forma en que una persona se siente, se comporta, aprende y se relaciona con los demás. Estos trastornos pueden manifestarse en la infancia, la adolescencia o la adultez y pueden tener un impacto significativo en la vida diaria de una persona y en su bienestar general. 

Estos trastornos se caracterizan por comportamientos que son disruptivos, destructivos o inapropiados socialmente. Los ejemplos incluyen el trastorno de conducta, donde hay un patrón de comportamiento agresivo o desafiante, y el trastorno oposicionista desafiante, caracterizado por un comportamiento desobediente y hostil hacia las figuras de autoridad. En nuestro centro de psicología trabajamos a diario con familias que buscan entender y mejorar las conductas en los niños, ofreciendo orientación profesional adaptada a cada caso. A continuación, se detallan algunos aspectos clave de estos trastornos:

Diferencias con los trastornos emocionales 

Los trastornos emocionales son aquellos trastornos que afectan principalmente el estado emocional de una persona. Incluyen condiciones como la ansiedad, la depresión, los trastornos del estado de ánimo y los trastornos de ansiedad, como el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno de pánico o los trastornos fóbicos.

Diagnóstico y evaluación 

Los problemas de conducta se diagnostican a través de una evaluación integral que puede incluir entrevistas, observaciones, y pruebas psicológicas. Es crucial que estos trastornos sean diagnosticados por profesionales cualificados, como psicólogos o psiquiatras.

Causas e impacto en la vida diaria 

Las causas de estos trastornos pueden ser multifactoriales, incluyendo genética, factores biológicos, experiencias de vida, ambiente familiar y social, y estrés.

Pueden afectar significativamente el rendimiento escolar o laboral, las relaciones interpersonales y la capacidad de una persona para funcionar de manera efectiva en su vida diaria.

Tratamiento 

El tratamiento puede incluir terapia psicológica, como la terapia cognitivo-conductual, intervenciones en el entorno escolar o laboral, y en algunos casos, medicación. El plan de tratamiento suele ser personalizado, basado en las necesidades individuales de la persona.

Prevención y apoyo 

La detección temprana y el apoyo continuo son cruciales. Un ambiente de apoyo, tanto en el hogar como en la escuela o en el lugar de trabajo, puede mejorar significativamente los resultados para las personas con trastornos emocionales y de conducta.

Reconocer y tratar estos trastornos de manera temprana y adecuada puede ayudar a las personas afectadas a desarrollar habilidades para manejar sus emociones y comportamientos de manera más efectiva, mejorando así su calidad de vida.

Tipos de conductas en los más pequeños y cómo se desarrollan

Es común que nos preguntemos qué tipo de conductas quieres que tenga tu hijo. El proceso de maduración que empieza desde que nacemos se ve influido en gran medida por el contexto en el que nos encontramos: nuestra familia de origen en primera instancia, grupo de iguales, contexto escolar… 

Conductas inadecuadas en niños: cuáles son y cuándo preocuparse

Las conductas inadecuadas en niños pueden variar ampliamente y dependen en gran medida de la edad y el desarrollo del niño. Algunas conductas pueden ser típicas de ciertas etapas del desarrollo, pero otras pueden indicar la necesidad de atención o corrección. Aquí te presento algunas conductas que suelen considerarse inadecuadas en niños, junto con el contexto en el que pueden surgir:

  1. Agresión: Golpear, morder, empujar o actuar de manera violenta hacia otros niños o adultos.
  2. Desobediencia constante: No seguir instrucciones o responder a la autoridad de manera desafiante de forma recurrente.
  3. Rabietas excesivas: Mientras que las pataletas son comunes en la primera infancia, si son excesivamente frecuentes o intensas para la edad del niño, pueden ser motivo de preocupación.
  4. Mentir: Aunque experimentar con la verdad puede ser una parte normal del desarrollo, la mentira frecuente o persistente es inadecuada.
  5. Robo: Tomar cosas que no les pertenecen sin permiso.
  6. Retiro social: Evitar o retirarse consistentemente de interacciones sociales puede ser una señal de que algo está afectando al niño.
  7. Bullying o intimidación: Participar en la intimidación de otros niños, ya sea física, verbal o socialmente.
  8. Uso inapropiado del lenguaje: Usar lenguaje grosero, ofensivo o inadecuado para su edad.
  9. Dificultades con las normas y límites: Tener problemas significativos para respetar las reglas en casa, en la escuela o en otros contextos sociales.
  10. Comportamientos destructivos: Dañar intencionalmente objetos, juguetes o la propiedad de otros.

Es importante recordar que el comportamiento inadecuado puede ser una parte normal del desarrollo, ya que los niños experimentan y aprenden sobre límites y consecuencias. Sin embargo, cuando estas conductas son extremas, persistentes o inapropiadas para la etapa de desarrollo del niño, pueden requerir atención. Los padres, cuidadores o profesionales de la educación pueden necesitar intervenir con estrategias consistentes de manejo del comportamiento, y en algunos casos, puede ser útil buscar el apoyo de un profesional, como un pediatra o un psicólogo infantil, para abordar y corregir estas conductas.

Conductas difíciles en niños: ejemplos y cómo identificarlas

Las conductas difíciles, tanto en niños como en adultos, se refieren a comportamientos que son desafiantes de manejar y pueden causar estrés o interrupción en el entorno cotidiano. Estas conductas a menudo afectan la interacción social, el aprendizaje y el bienestar general. Aquí se detallan algunos ejemplos de conductas difíciles que pueden manifestarse en diferentes contextos:

  1. Agresión: Esto incluye actos físicos como golpear, patear o morder, así como la agresión verbal, como gritar, insultar o amenazar.
  2. Desafío: Resistencia a seguir reglas o instrucciones, negándose a cumplir con las peticiones de figuras de autoridad.
  3. Comportamientos disruptivos: Interrumpir actividades, gritar, o comportarse de manera que distraiga o perturbe a otros en entornos como el aula, el hogar o lugares públicos.
  4. Aislamiento: Retraimiento social extremo o rechazo a participar en actividades o interacciones sociales.
  5. Autolesión: Comportamientos que causan daño físico a uno mismo, como golpearse o rascarse intencionadamente.
  6. Mentiras y engaños: Incluir la fabricación de hechos o la distorsión de la verdad de manera habitual.
  7. Rabietas extremas o prolongadas: Berrinches que son intensos o duran mucho tiempo, especialmente si son inapropiados para la edad del niño.
  8. Bullying: Intimidar, acosar o hacer daño a otros, ya sea física, verbal o socialmente.
  9. Dificultades con el control de impulsos: Actuar de manera impulsiva sin considerar las consecuencias, lo cual puede incluir interrupciones abruptas o decisiones imprudentes.
  10. Ansiedad o estrés excesivos que afectan el comportamiento: Mostrar signos de ansiedad o estrés que impactan significativamente la capacidad para funcionar de manera efectiva en la vida diaria.

Estas conductas difíciles pueden ser indicativas de necesidades no satisfechas, estrés, frustración, o problemas subyacentes como trastornos del desarrollo, problemas emocionales o psicológicos. Comprender la causa raíz de estas conductas es crucial para abordarlas efectivamente. La intervención puede incluir estrategias de manejo de comportamiento, apoyo emocional, y en algunos casos, terapia profesional o asesoramiento. En el caso de los niños, el apoyo colaborativo entre padres, educadores y profesionales de la salud mental puede ser particularmente beneficioso.

Cómo influyen los estilos educativos en la conducta de los hijos

Las primeras figuras de apego, los padres, son los primeros modelos que tenemos sobre la conducta: de ellos aprendemos lo que está bien y lo que está mal, lo que se puede y lo que no.  La forma en que nos enseñan desde pequeños se denomina estilos educativos y condicionan enormemente quiénes seremos en la edad adulta. Habitualmente hablamos de cuatro tipos de estilos educativos, que, según sus características, provocarán en el niño un desarrollo distinto a los demás. 

Estilo autoritario 

Se caracteriza por ser una educación basada en normas abundantes y rígidas, con exigencias desmedidas sin razonamiento, donde los castigos prevalecen sobre los premios, las críticas al niño están a la orden del día y donde los adultos carecen de control de impulsos por lo que no dialogan ni negocian. 

El estilo autoritario conlleva una serie de riesgos para el hijo, pues le estamos enseñando que no hay cabida al error, que hay que ser siempre perfecto, que no se valoran los logros conseguidos pues es una obligación por su parte y que por más que haga, los padres nunca van a ceder ni dar lugar a una conversación en la que el hijo se sienta escuchado y se tengan en cuenta también algunos de sus deseos siempre que sean razonables.

 Los niños que crecen en este ambiente desarrollan conductas de rebeldía, pues sienten indefensión o impotencia ante la situación de rigidez de normas; otro de los riesgos es que se conviertan en adolescentes y adultos que mienten o huyen de las situaciones que saben que les conllevarán consecuencias negativas no deseables; por la escasa valoración de los éxitos y sólo dar importancia a los errores castigándolos, es posible que la baja autoestima y autonomía sean valores que pasen a formar parte de forma de ser y actuar. Son niños, adolescentes y más tarde adultos inseguros donde no existe apenas iniciativa por las altas expectativas de fracaso que los padres ponen en ellos. Por último, también pueden aparecer conductas agresivas o de sumisión hacia las figuras de autoridad.

Estilo permisivo

En este estilo educativo, los padres no utilizan normas y en el caso de tenerlas, no las aplican. Existe mucha flexibilidad en horarios y rutinas. Los padres evitan cualquier confrontación por lo que terminan cediendo y dejando hacer a los niños lo que quieren. Delegan en otros la educación de sus hijos y no existen premios o castigos por lo que los modelos de referencia son inexistentes.

Los riesgos del estilo permisivo son: aumento de la inseguridad e inconstancia de los pequeños, baja confianza en ellos mismos, bajo rendimiento escolar, baja tolerancia a la frustración y cambios en el humor frecuentes.

Los niños con padres permisivos aprenden a crecer en un ambiente donde no se les reconoce ni lo bueno ni lo malo por lo que no desarrollan confianza en ellos mismos y se sientes inseguros. No desarrollan capacidad de esfuerzo puesto que consiguen siempre lo que quieren fácilmente por ese miedo de los padres a la confrontación. Son niños que posiblemente crezcan sin tolerar un no por respuesta o que las cosas no sean como ellos quieren, factores importantes para ser adultos maduros y competentes.

Estilo sobreprotector 

Los padres sobreprotectores no utilizan muchas normas o no las aplican al considerar que los hijos no están preparados. Les conceden todos sus deseos con excesivos premios y escasos castigos. Justifican o perdonan todos los errores e intentan evitarles todos los problemas.

Los riesgos que conlleva este estilo son: que los niños crezcan siendo totalmente dependientes por miedo a su propia autonomía, con escaso autocontrol, baja tolerancia a la frustración, son niños con una baja autoestima y con actitudes egoístas.

Los niños deben aprender a equivocarse y remediar los errores, pero en este estilo los padres no dan cabida a ese aprendizaje por su cuenta por lo que crecen siendo inseguros. Al siempre obtener lo que quieren y no ver las consecuencias a sus actos equivocados, desarrollan un carácter de no aceptar que las cosas no salgan como ellos quieran, con actitudes egoístas. La baja autoestima e inseguridad aparece por la sobreprotección de los padres que no les dejan aprender por su cuenta y con su propia autonomía

Estilo asertivo

En el estilo asertivo, los padres proponen normas adecuadas a la edad. Hacen un uso razonable de los premios y castigos. Refuerzan verbalmente las conductas adecuadas. Estimulan la autonomía e independencia y usan el diálogo y la negociación.

Los niños que se desarrollan en un ambiente asertivo se convierten en adolescentes y adultos con buen nivel de autoestima y del sentido de la responsabilidad, aprenden a tomar decisiones, a socializar y a respetar las normas.

Si queremos que nuestros pequeños se conviertan en adultos asertivos, es importante que analicemos qué tipo de estilo educativo estamos aplicando y, en el caso de no ser el adecuado, buscar formas de aprender a aplicar las enseñanzas correctas. Nunca es tarde para aprender a enseñar a nuestros hijos y adquirir herramientas que nos ayuden a que sea de manera asertiva. 

La importancia de ser buenos modelos en la educación de nuestros hijos se ve justificada en los riesgos que un estilo educativo inadecuado puede tener en el proceso de maduración para la vida adulta.

Si no sabes cómo modificar aspectos de los estilos educativos que no están funcionando para que tus hijos se conviertan en lo que deseas que sean, nosotras podemos ayudarte. Desde la psicología evolutiva se estudia el desarrollo mental desde el nacimiento hasta la vida adulta, aplicando técnicas que modifican las conductas inadecuadas tanto de los padres como de los hijos. ¡Anímate a seguir aprendiendo!

Preguntas frecuentes sobre las conductas en los niños

¿Qué conductas son normales en niños según su edad?

Las conductas en los niños varían según su etapa de desarrollo. Por ejemplo, en la primera infancia son habituales las rabietas, la impulsividad o la dificultad para seguir normas, mientras que en edades más avanzadas se espera mayor autocontrol y habilidades sociales. Es importante valorar cada comportamiento en función de la edad del niño y su contexto, ya que muchas conductas forman parte de su desarrollo evolutivo.

¿Por qué cambian las conductas de un niño de forma repentina?

Los cambios repentinos en la conducta de un niño pueden estar relacionados con factores emocionales, cambios en su entorno o situaciones de estrés, como problemas escolares, cambios familiares o dificultades en sus relaciones. En muchos casos, estas conductas son una forma de expresar emociones que el niño aún no sabe gestionar. Observar el contexto y la frecuencia de estos cambios es clave para entender su origen.

¿Las rabietas forman parte del desarrollo normal?

Sí, las rabietas son una parte habitual del desarrollo infantil, especialmente en los primeros años de vida. Suelen aparecer cuando el niño aún no tiene desarrolladas las habilidades necesarias para expresar lo que siente o manejar la frustración. Aunque son normales, es importante acompañarlas con estrategias adecuadas para ayudar al niño a regular sus emociones y aprender formas más adaptativas de comunicarse.