Trastornos de la comunicación

Trastornos de la comunicación

¿Qué es un trastorno de la comunicación?

En los trastornos de la comunicación son comunes problemas de expresión, pronunciación, fluidez e incluso recepción o uso social del lenguaje. Los primeros signos de alerta de una dificultad en el área de la comunicación pueden darse antes de los cuatro años.

El criterio evolutivo de que a los dos años un niño o niña tenga menos de 50 palabras inteligibles y/o no tenga enunciados de dos palabras, es importante en el diagnóstico del inicio tardío del lenguaje.

En cuanto a la etiología de los trastornos de la comunicación, esta puede estar relacionada con el desarrollo o puede ser adquirida. Por lo tanto, podríamos hablar de problemas biológicos o anormalidades en el desarrollo del cerebro, así como también exposición a toxinas durante el embarazo. 

Tipos de trastornos de la comunidación

Los trastornos de la comunicación se pueden clasificar en:

  • Trastorno del lenguaje, que supone dificultades persistentes en la adquisición y uso del lenguaje en todas sus modalidades (hablado, escrito, lenguaje de signos u otro) debido a deficiencias en la comprensión o la producción que incluye lo siguiente: vocabulario reducido (conocimiento y uso de palabras); estructura gramatical limitada (capacidad para situar las palabras y las terminaciones de las palabras juntas para formar frases basándose en reglas gramaticales y morfológicas); deterioro del discurso (capacidad para usar vocabulario y conectar frases para explicar o describir un tema o una serie de sucesos o tener una conversación). Las capacidades del lenguaje están notablemente, desde un punto de vista cuantificable, por debajo de lo esperado para la edad, lo que produce limitaciones funcionales en la comunicación eficaz, la participación social, los logros académicos o el desempeño laboral, de forma individual o en cualquier combinación. El inicio de los síntomas se produce en las primeras fases del periodo de desarrollo y las dificultades anteriormente señaladas no se pueden atribuir a un deterioro auditivo o sensorial de otro tipo, a una disfunción motora o a otra afección médica o neurológica y no se explica mejor por discapacidad intelectual o retraso global del desarrollo.

  • Trastorno fonológico, que supone una dificultad persistente en la producción fonológica que interfiere con la inteligibilidad del habla o impide la comunicación verbal de mensajes. La alteración causa limitaciones en la comunicación eficaz que interfiere con la participación social, los logros académicos o el desempeño laboral, de forma individual o en cualquier comunicación. El inicio de los síntomas se produce en las primeras fases del periodo de desarrollo y las dificultades anteriormente señaladas no se pueden atribuir a afecciones congénitas o adquiridas, como parálisis cerebral, paladar hendido, hipoacusia, traumatismo cerebral u otras afecciones médicas o neurológicas.

  • Trastorno de la fluidez de inicio en la infancia (tartamudeo), que supone alteraciones en la fluidez y la organización temporal normales del habla que son inadecuadas para la edad del individuo y las habilidades de lenguaje, persisten con el tiempo y se caracterizan por la aparición frecuente y notable de uno (o más) de los siguientes síntomas: repetición de sonidos y sílabas; prolongación de sonido de consonantes y de vocales; palabras fragmentadas (por ejemplo, pausas en medio de una palabra); bloqueo audible o silencioso (pausas en el habla, llenas o vacías); circunloquios (sustitución de palabras para evitar palabras problemáticas); palabras producidas con un exceso de tensión física; repetición de palabras completas monosilábicas (por ejemplo, “Yo-Yo-Yo-Yo lo veo”). La alteración causa ansiedad al hablar o limitaciones en la comunicación eficaz, la participación social, el rendimiento académico o laboral de forma individual o en cualquier combinación. El inicio de los síntomas se produce en las primeras fases del periodo de desarrollo y la alteración no se puede atribuir a un déficit motor o sensitivo del habla, disfluencia asociada a un daño neurológico o a otra afección médica y no se explica mejor por otro trastorno mental.

  • Trastorno de la comunicación social (pragmática), que supone dificultades persistentes en el uso social de la comunicación verbal y no verbal que se manifiesta por todos los siguientes síntomas: deficiencias en el uso de la comunicación para propósitos sociales, como saludar y compartir información, de manera que sea apropiada al contexto social; deterioro de la capacidad para cambiar la comunicación de forma que se adapte al contexto o a las necesidades del que escucha, como hablar de forma diferente en un aula o en un parque, conversar de forma diferente con un niño o un adulto, y evitar el uso de un lenguaje demasiado formal; dificultades para seguir las normas de conversación y narración, como respetar el turno en la conversación, expresarse de otro modo cuando no es bien comprendido y saber cuándo utilizar signos verbales y no verbales para regular la interacción; dificultades para comprender lo que no se dice explícitamente (por ejemplo, hacer interferencias) y significados no literales o ambiguos del lenguaje (por ejemplo, expresiones idiomáticas, humor, metáforas, múltiples significados que dependen del contexto para la interpretación). Las deficiencias causan limitaciones funcionales en la comunicación eficaz, la participación social, las relaciones sociales, los logros académicos o el desempeño laboral, ya sea individualmente o en combinación. Los síntomas comienzan en las primeras fases del periodo de desarrollo (pero las deficiencias pueden no manifestarse totalmente hasta que la necesidad de comunicación social supera las capacidades limitadas). Los síntomas no se pueden atribuir a otra afección médica o neurológica, ni a la baja capacidad en los dominios de morfología y gramática, y no se explican mejor por un trastorno del espectro autista, discapacidad intelectual (trastorno del desarrollo intelectual), retraso global del desarrollo u otro trastorno mental.

Tratamiento

Por lo que respecta al tratamiento de los trastornos de la comunicación, es importante tener en cuenta: la edad del niño/a, el tipo de trastorno de la comunicación, la extensión del mismo y los datos recogidos en la evaluación realizada previamente. Es fundamental una coordinación entre padres, profesores, profesionales del habla o del lenguaje y de la salud mental. Se requieren tratamientos individualizados que incluyan estrategias de rehabilitación para aumentar las destrezas de comunicación en las áreas donde exista déficit y estrategias para potenciar las fortalezas de cara a eludir el déficit de comunicación

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