Ansiedad infantil

ANSiedad infantil

La ansiedad infantil puede estar asociada a diferentes situaciones, entre otras: a situaciones sociales, manifestando “miedo a relacionarse” “vergüenza” “miedo a las críticas a ser rechazado”; a situaciones escolares, manifestando “ansiedad, agobio ante los exámenes” “miedo a suspender” “miedo al fracaso” “frustración”. Se pueden producir manifestaciones físicas como taquicardias, sudoración, sequedad de boca.

 

Evaluación

En la evaluación del niño/a hay que recoger información tanto de los padres, del profesor como del niño. Esto se realiza mediante la entrevista con ellos y mediante diferentes cuestionarios. Siendo importante:

  • En los niños/as: recoger información sobre las sensaciones, pensamientos que le están visitando asociado a esa ansiedad y ver cómo está respondiendo ante dichos eventos privados. Y qué consecuencias está consiguiendo con dichas estrategias de afrontamiento tanto a corto como a medio y largo plazo. Por ejemplo es frecuente que ante la ansiedad asociada a exámenes, aparezcan pensamientos como “no voy a aprobar” “miedo al fracaso” sensaciones de agobio, ansiedad como nudo o presión en el pecho, y mucho niños/as responden a estos eventos privados dándoles muchas vueltas a aquello que les preocupa, pueden imaginar los diferentes escenarios, anticipando lo que puede pasar. También pueden intentar distraerse para no sentirse así, con el móvil, jugando, dejando de estudiar. O hablar continuamente de sus inquietudes con los padres o hermanos, llorar. Con estas estas estrategias de forma inmediata puede que
    consigan cierto alivio, desahogo sin embargo más a medio plazo dichas sensaciones vuelven a aparecer, se intensificar. Y comienzan los costes en los aspectos importantes de su vida: no están centrado en estudios, pérdida de tiempo, no avanzan, malos resultados académicos, etc. Es importante evaluar los costes que está teniendo en los diferentes ámbitos de su vida, la forma en la que afronta sus propios eventos privados y cómo se siente el niño/a para con esto. Explorar cuáles son sus hobbies, las cosas que le gustan, aquellas a las que le da valor. Y valorar también otras experiencias previas que el niño/a haya podido tener que pueda influir: experiencias de fracasos continuados en el colegio, profesora que continuamente le castiga o le dice lo que hace mal sin destacar aquello que si hace bien”, etc.

 

  • En los padres: ver cómo reaccionan antes estos comportamientos del niño y ver qué consecuencias tiene esto en el comportamiento del niño. Siempre desde el intento de hacer lo mejor para sus hijos/as a veces los comportamientos de los padres lejos de facilitar un cambio de conducta en los niños, potencian o mantienen el comportamiento a eliminar. Por ejemplo: con la atención, continuas explicaciones o charlas: “no tienes que sentirte así, no pasa nada si suspender” “no lo pienses y estudia” etc.

 

  • En los profesores: recoger información que nos puedan facilitar sobre la conducta del niño/a en el aula, con los compañeros, frente a las tareas escolares, etc. Y su reacción ante las conductas del niño/a. Qué medidas toma, si aplica refuerzos, si pone límites. Si refuerza las conductas adaptativas en el aula.

 

Aplicación del tratamiento

El tratamiento de la ansiedad infantil durante las sesiones terapéuticas, se realiza con:

  • El niño: enseñarle a responder ante sus emociones y pensamientos de una forma que lleve él el mando y no darle ese poder a sus emociones. Todo ello asociado a los valores o cosas importantes para el niño (aprender, tener amigos con los que compartir, relacionarme, disfrutar, ayudar, etc).
  • Marcar distancia con dichas emociones y pensamientos.
  • Romper los bucles de rumia y preocupación cuando se produzcan.
  • Exposición a sus propias emociones, con diferentes estrategias de autocontrol donde sea él quien elija hacer cosas en dirección a lo valioso y no dejarse llevar por dicha emoción o pensamientos. Por ejemplo: “ante la ansiedad y el miedo a suspender que aparece mientras está estudiando, notar dichas sensaciones, darse permiso para que estén, respirar hondo y seguir estudiando, en dirección a que ser ese estudiante responsable que quiere ser. Estudiar en ese momento, hacer ese tiempo productivo le va a aproximar a lo que quiere: aprobar, pasar de curso, hacer la carrera que quiere (más a largo plazo).
  • Se pueden practicar técnicas de relajación.
  • Con los padres: ayudarles a gestionar sus propios eventos privados (intranquilidad al ver así a su hijo/a, incertidumbre de cómo actuar, etc), respondiendo ante ellos de manera que ayuden a sus hijos en la propia gestión de sus emociones, dándoles estrategias para ello. Dejando que se expongan a  esas sensaciones en aras a aprender a gestionarlas de forma autónoma. También es importante que normalicen esas emociones. No sean modelos de ansiedad, de conductas de evitación o incluso rumiativas, ancladas en la preocupación.
  • Con los profesores: establecer pautas ante los comportamientos que se de en el aula que favorezca la disminución o eliminación de dicho comportamiento, y la ejecución del comportamiento adaptativo.

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