Síndrome de la cabaña

sindrome de la cabaña

Claves para la gestión de la “nueva normalidad”

Estas últimas semanas, con motivo de la famosa desescalada, estamos viendo aparecer este concepto del síndrome de la cabaña allá por donde vamos. Pero, ¿qué eso del síndrome de la cabaña? Ante todo, decir que no hay evidencia de que este síndrome sea un trastorno sino más bien una serie de dificultades emocionales ante la realidad que estamos viviendo.

Desde que empezamos el confinamiento por la COVID-19, han sido muchos y muy diferentes los estados emocionales por los que la población ha ido pasando. Si al principio de esta situación nos venían sentimientos de incredulidad, falsa sensación de seguridad, incertidumbre, miedo, agobio, ansiedad… Con el paso del tiempo y la cercanía de las fases que nos permiten mayor movilidad, ha ido apareciendo una sensación de miedo al exterior, miedo a retomar la actividad fuera de casa e incluso una desgana ante la nueva normalidad.

El síndrome de la cabaña precisamente recogería este miedo a retomar la vida en el exterior, el contacto con otras personas, la posibilidad del contagio, la vuelta a la rutina que teníamos anteriormente al estado de alarma… En un primer momento fue generalizado el sentimiento de incomodidad ante la idea de no poder salir de casa, sin embargo, ahora nos atenaza lo contrario: el no querer volver a esa nueva normalidad.

que es el sindrome de la cabaña

El ser humano es una especie que, para asegurar la supervivencia, ha evolucionado hasta tener una plasticidad cerebral que le permite adaptarse a las nuevas situaciones. En un primer momento nos costó eso de no poder salir, no poder ver a nuestros seres queridos, pero con el paso de las semanas fuimos haciendo rutina también de nuestro confinamiento: empezamos a llenarnos de actividades, nos reencontramos con hobbies abandonados, descubrimos eso de
parar y no sentir la prisa por lo siguiente que tengo en mi lista de tareas… Y como a toda situación, es algo a lo que el ser humano se ha adaptado.

Seguro que en estos días también habéis escuchado el falso mito de que “se tardan 21 días en crear un hábito” Esto no es así exactamente. La variabilidad humana es tal que sería imposible que toda persona desarrollase un hábito nuevo en el mismo exacto tiempo. De hecho, estudios realizados por Phillipa Llay (2010) hablan de una media de 66 días para la adquisición de nuevos hábitos dependiendo por supuesto de las diferencias individuales. Sea cual sea el tiempo que cada persona necesita, el número de días que llevamos viviendo esta situación de excepción ya ha posibilitado que se genere en nosotros una adaptabilidad a la situación que se nos vino encima de repente. Y ahora nos toca volver a redefinir la normalidad, la rutina, los hábitos… la adaptabilidad, al fin y al cabo.

 

¿Cómo podemos gestionar la llegada de la nueva situación o también llamada “nueva normalidad”? Te damos unas claves a continuación:

  • Validar emociones: Al igual que al comienzo de la pandemia y el confinamiento, seguimos viviendo una situación excepcional en la que es completamente normal sentir diferentes emociones. Las emociones son recursos indispensables que también ayudan a la supervivencia de la especie. Nos dan muchísima información sobre nosotros mismos y hay que darles un espacio en el que podamos escucharlas y entender qué nos están diciendo.
  • El miedo: Es una emoción que nos va a ayudar a estar más pendientes cuando salgamos a la calle. Va a ser un factor protector para no relajarnos y cumplir las medidas sanitarias necesarias para evitar el contagio. Tener miedo es completamente normal ante una situación de incertidumbre como la que nos encontramos. Dejaría de ser adaptativo cuando nos impidiera funcionar de manera normalizada.
  • Un paso cada vez: como dice una frase que usan mucho en inglés “one step at a time” Es importante ir dando pasitos pequeños hacia esa nueva normalidad. Mientras estemos dando esos pasos, observarnos, analizarnos, en definitiva, escucharnos a cada momento y ver hasta dónde llego y hasta dónde no. Apresurar la adaptación no va a hacer que llegue antes.
  • Tiempo al tiempo: Como decíamos anteriormente, generar hábitos lleva un tiempo que es variable entre personas y situaciones. Al igual que nos pudimos ir adaptando en mejor o peor medida a los cambios que se han ido sucediendo, podremos adaptarnos a los nuevos que vengan, es cuestión de tener paciencia y dar un espacio a todo lo que va ocurriendo dentro de nosotros.
  • Los pensamientos son solo eso: Las preocupaciones, la rumia, los pensamientos sobre lo que pueda ocurrir u ocurrirnos son solo ideas que vienen en un momento determinado. De momento nuestra especie no cuenta con dotes adivinatorias de lo que pueda ocurrir en el futuro por lo que solo podremos hacer conjeturas que seguramente no se cumplan. Concéntrate en valores relevantes para tu vida y no te dejes llevar por esas preocupaciones que muy probablemente no llevarán a nada bueno.
  • Pedir ayuda: gestionar una situación de un nivel tan excepcional puede no ser tan sencillo para todo el mundo y eso es completamente normal. Si tus emociones te dificultan el llevar una vida dentro de esta “normalidad”, si ves que el miedo te impide actuar, o la ansiedad ha dejado de ser llevadera, no demores en pedir ayuda.

Nos gustaría saber cómo afrontáis esta nueva etapa, los pensamientos y emociones que aparecen y cualquier pregunta que podamos responder sobre la gestión de la nueva normalidad. Recuerda que pedir ayuda no te hace débil, simplemente te hace humano.

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