Las emociones humanas

emociones humanas

¿Para qué sirven y como gestionarlas?

Las emociones son reacciones psicofisiológicas que aparecen en el ser humano ante ciertos estímulos internos o externos y que facilitan la adaptación. Tienen, por tanto, una función adaptativa que favorece la supervivencia de la especie ante un entorno cambiante como en el que nos encontramos.

Miles de años atrás, las especies menos evolucionadas anteriores al homo sapiens, utilizaban las emociones como medio informativo ante posibles peligros y preparación para la huida. En la actualidad, las emociones, siguen siendo fuentes enormes de información para nuestro bienestar que, en ocasiones, rechazamos escuchar.

Las emociones no aparecen con la misma frecuencia o intensidad en todos los seres humanos, dependen directamente de la historia de aprendizaje: lo que nos han transmitido a lo largo de nuestro aprendizaje, lo que hemos vivido, nuestra forma de pensar, nuestros valores… ¿Qué información nos proporcionan las emociones? Como veremos a continuación, cada emoción tiene su sentido. No están ahí por estar, están para decirnos algo. Nos aportan información sobre nosotros mismos, los demás y el medio en el que nos encontramos.

Tradicionalmente se han identificado seis emociones básicas: la alegría, la tristeza, el miedo, la sorpresa, el asco y la ira; aunque el mundo emocional humano es mucho más complejo que una simple categorización.

La inteligencia emocional es aquella inteligencia que nos permite identificar, entender y gestionar nuestras emociones y las de los demás. No es tarea fácil, son realidades abstractas,  intangibles, que sólo podemos sentir sin verlas. Podemos explicar lo que sentimos con metáforas, comparaciones de realidades físicas (ejemplo: Me siento como si me hubiera atropellado un camión) que nos recuerdan a como nos sentimos, pero no podemos definirlas con total exactitud.

Si ahora te preguntases ¿para qué sirve la alegría? ¿qué quiere decirme?, ¿sabrías contestar? Tómate unos minutos para intentar averiguar qué función puede tener cada emoción básica de las hemos nombrado dos párrafos atrás.

¿Te cuesta encontrar el sentido a cada emoción?

Vamos a ver qué nos quieren contar:
La alegría nos ayuda a identificar las cosas que nos gustan y nos agradan. Nos lleva a querer reproducir esas situaciones.

La tristeza nos informa de lo que nos producen dolor y malestar, las pérdidas que sufrimos a lo  largo de nuestra vida.

La ira se pone en marcha cuando algo va en contra de nuestras creencias, valores, opiniones o convicciones. También alude a los objetivos que no se cumplen y defensa ante los ataques.

El asco delimita las cosas que no nos gustan y nos desagradan para poder apartarlas de nuestra vida.

El miedo es el sistema de alarma del ser humano ante un peligro que excede nuestros recursos para hacerle frente. Nos aparta del  peligro y nos lleva a actuar con precaución.

La sorpresa nos hace conscientes de lo que no esperábamos. Nos ayuda a orientarnos y saber qué hacer ante situaciones nuevas.

Se han identificado algunas emociones secundarias que conllevan un alto componente social: dependemos de los demás para sentirlas. Son: el amor, los celos, la envidia, la culpa, la vergüenza y el orgullo. Una vez más, te pedimos que intentes buscar la información que nos aportan estas emociones antes de que te demos la respuesta:

El amor es el sentimiento más poderoso e influyente. Nos ayuda a clasificar a las personas de nuestro alrededor según la importancia que tienen para nosotros. Existen diferentes tipos de amor.

La culpa expresa un conflicto por haber hecho algo que creemos que no deberíamos haber hecho o por no haber hecho algo que creíamos que deberíamos haber hecho. Aprendemos a actuar en el futuro para evitar sentirnos así.

La vergüenza es la sensación de conocimiento consciente de deshonor, desgracia o condenación. Nos previene de volver a repetirlo en el futuro por lo que mantendremos una actitud más comedida.

El orgullo representa una sobrevaloración del yo respecto a los otros, para sobreponerse a un obstáculo, a una situación o para alcanzar una elevada desvalorización del contexto.

La envidia es el dolor o desdicha por no poseer lo que tiene otra persona, sea algo tangible o intangible. Nos indica que queremos conseguir algo que no tenemos y otros sí.

Los celos son una respuesta emocional que aparece cuando alguien percibe una amenaza hacia algo que considera como propio.

Para poder gestionar nuestro propio mundo emocional tenemos que abandonar la creencia de que hay emociones buenas y malas. Todas las emociones tienen la misma función base: informarnos y ayudarnos en la adaptación y supervivencia.

Es importante que escuchemos lo que las emociones que sentimos tienen que decirnos. Dejarlas apartadas y no querer ahondar en ello conlleva a que estén ocurriendo situaciones que nos afectan y no seamos capaces de entenderlo y mucho menos poder cambiar lo que nos provoque malestar. Las emociones no desaparecen por no pensar en ellas, se quedan ahí latentes, esperando que les demos la bienvenida y nos aventuremos a escucharlas, a escucharnos.

Por todo esto, un factor clave para la inteligencia emocional es dejar que las emociones estén, darles su espacio y permitirnos sentirlas. De esta manera, podremos acercarnos a su significado y poder actuar en consecuencia.

Os dejamos a continuación un poema de Yalal ad-Din Muhammad Rumi, que nos invita a dar la bienvenida a nuestro maravilloso mundo emocional:

La casa de huéspedes:

Esto de ser humano es una casa de huéspedes.
Cada mañana una nueva llegada.
Felicidad, tristeza, mezquindad,
Alguna conciencia momentánea

Llega como un visitante inesperado
Dale la bienvenida y atiéndelos a todos
Incluso a esa multitud de penas,
Que barren la casa violentamente
Vaciándola de todos tus muebles.
aun así trata con honor a cada invitado.
quizás te están vaciando
para un nuevo deleite.
El pensamiento oscuro, la vergüenza, la malicia.
ve a buscarlos a la puerta, riéndote
e invítales a entrar.
agradece todo lo que venga
porque cada uno ha sido enviado
como un guía del más allá.

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