Los celos infantiles

psicología infantil

Los celos en los niños son un sentimiento de envidia y frustración que va dirigido a las personas que consideran que no les corresponden emocionalmente como deberían.

Existen diferentes situaciones que pueden provocar en el niño el miedo a perder el afecto de los padres, entre ellas:

  • El nacimiento de un hermano. El recién nacido requiere una serie de cuidados y atención que hace que el hermano mayor pierda parte de la que se le dedicaba a él.
  • Los favoritismos y preferencias de los padres. A veces, los padres pueden manifestar preferencias por uno de los hijos, lo que crea celos en los otros.
  • La excesiva dependencia o necesidad de uno de los padres por parte del niño. Normalmente de la madre, lo que desencadena celos hacia al otro progenitor por considerarle rival.
  • El sentimiento de inseguridad y de inadaptación. El niño o la persona insegura frecuentemente envidia a los demás y estos sentimientos suelen ser el resultado de situaciones de ridículo en la infancia, de sentirse rechazado o bien criticado de forma severa. El alentar la competencia entre los hermanos también puede favorecer la presencia de los celos.

Indicadores de celos

Los indicadores de la presencia de celos en niños pueden ser muy variados y van desde la aparición de conductas de aislamiento, infelicidad y frustración a conductas disruptivas y agresivas dirigidas tanto a las personas objeto de envidia, como hacia las figuras de apego.
Dependiendo del temperamento del niño, su edad y circunstancias ambientales, las manifestaciones de celos variarán entre los dos extremos anteriormente citados, pudiendo simultanear una combinación.

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Conductas

En general, los niños celosos pueden manifestar algunas de las siguientes conductas:

  • Lloros frecuentes sin motivo. Tristeza acompañada de manifestaciones verbales de no sentirse suficientemente querido.
  • Aparición de nuevas conductas (no presentes hasta la llegada de un hermano o ya superadas), normalmente desadaptadas, con el simple motivo de llamar la atención de los padres (hacerse pis en la cama, negarse a comer, agresividad injustificada hacia objetos o animales, etc.).
  • Cambios en la expresión verbal y gestual. Vuelta a un lenguaje más infantil con presencia de gestos inmaduros como chuparse el dedo.
  • Alteraciones en los patrones de comida (menos apetito o más selectivo con los alimentos, rechazando platos antes preferidos o se le tiene que dar la comida) y sueño (insomnio, despertar nocturno, solicitar dormir con los padres, etc.)
  • Negativismo, terquedad, dificultad para obedecer. En los casos más extremos: oposicionismo, agresividad manifiesta y actitud desafiante hacia padres y compañeros.
  • Negar sistemáticamente los errores propios y culpabilizar a los otros de sus problemas o actitudes (en especial al hermano objeto de celos).
  • Otras manifestaciones: aislamiento social, llantos desproporcionados, mutismos (negación voluntaria a hablar), enuresis, vómitos, etc.

La mayoría de los investigadores afirman que los celos infantiles no aparecen antes del primer año y medio de la vida, prolongándose durante toda la primera infancia hasta alrededor de los siete años. Esta etapa evolutiva es especialmente importante porque en ella tiene lugar el desarrollo de ciertas habilidades que aumentan la autonomía comportamental y personal del niño. A los 18 meses, el desarrollo cognitivo es más que suficiente para hacerse cargo de su posición afectiva en el ámbito de la propia familia, ya ha aparecido la marcha y el control de esfínteres y se dispone de un mínimo de lenguaje socializado. La estructura del yo infantil en esta etapa es todavía demasiado débil, como para que su autoevaluación sea suficiente.

Esto quiere decir que la autoestima y el desarrollo infantil dependerán en esta etapa de los afectos,
alabanzas y manifestaciones de aprobación que el niño recibe, tanto de sus padres como de otros
familiares, profesores y amigos.

Lo más frecuente es que el nacimiento de un nuevo hermano sea el factor desencadenante del comportamiento celoso, aunque en ocasiones los celos pueden aparecer sin estar vinculados a este factor. Hay casos, menos frecuentes, en los que la conducta celosa puede aparecer en el hermano menor de edad.

Tratamiento

En cuanto al tratamiento, algunas de las orientaciones o pautas a seguir podrían ser:

  • Escuchar al niño, permitiendo la expresión de sus emociones. Hacerle ver que se le comprende.
  • Ignorar las conductas inadecuadas, no centrarse especialmente en ellas. Es preferible eso a regañarle muy a menudo, ya que esto podría reforzar su idea de que ha perdido el cariño de sus padres.
  • Estar atentos para reforzar las mínimas conductas adecuadas, con lo que también
    mejorará su autoestima.
  • Darle pequeñas responsabilidades en el cuidado del hermano pequeño.
  • Favorecer el contacto con sus iguales.
  • Aceptar también las expresiones negativas que el niño desarrolla (rabietas).
  • Pasar momentos exclusivamente con el niño, participando en sus juegos y entretenimientos, que note que le queremos, que nos interesamos por él y por sus gustos e inquietudes, y que le escuchamos.
  • Permitirles y enseñarles a resolver los conflictos que surjan entre ellos.
  • Cuando el niño pequeño molesta o rompe cosas del mayor, no limitarse a disculparle porque es pequeño, sino enseñarle también a asumir su responsabilidad.
  • Las reglas y los privilegios no pueden ser igual para todos los hermanos, sino en función de la edad de los niños. Así, un niño mayor puede acostarse más tarde, pero también asumir en alguna tarea una mayor responsabilidad.
  • Evitar hacer comparaciones entre los hijos, hacerles ver que son únicos e irrepetibles.

Psicólogo Infantil Valladolid

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