Trastorno de ansiedad

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La respuesta de ansiedad como reacción defensiva instantánea ante el peligro tiene una función protectora en las diferentes especies. Así, desde una perspectiva ontogenética los miedos comunes son una adquisición biológica temprana destinada a preservar a la infancia de posibles daños. Destacan los miedos a los animales, el miedo a los daños físicos, el miedo a la separación…

Los pensamientos y recuerdos intensifican los miedos aprendidos. El miedo a un estímulo persiste y se transforma en fobia sólo si se evitan de forma reiterada las situaciones temidas. La transmisión social del miedo, por la observación por ejemplo de un padre atemorizado; puede ser uno de los métodos de adquisición. Además, unos padres miedosos pueden impedir que los niños exploren el entorno, privándoles así de eliminar sus miedos mediante la experiencia. Las influencias interactivas del aprendizaje y la biología pueden hacer más rápida la adquisición del miedo en algunas personas que en otras así como retrasar la desaparición normal de los miedos comunes que se produce con la experiencia, convirtiéndose así los miedos en fobias.

La ansiedad patológica puede manifestarse de tres formas diferentes:

a) De forma brusca y episódica, en forma de crisis (trastorno de pánico).

b) De forma persistente y continua sin crisis (trastorno de ansiedad generalizada).

c) Tras un estrés identificable (trastorno de estrés postraumático). En otros casos puede experimentarse cuando el sujeto intenta controlar los síntomas (trastornos fóbicos) o cuando se siente atrapado en ideas recurrentes y/o rituales (trastorno obsesivo-compulsivo).

Trastorno de Ansiedad Generalizada

Se caracteriza por ansiedad y preocupación excesivas sobre una amplia gama de temas, con dificultad para controlar esa preocupación. Pudiendo aparecer dificultad para concentrarse, irritabilidad, tensión muscular, dificultad para dormir, inquietud motora y dolores o entumecimientos musculares, síntomas somáticos como manos frías, boca seca, sudoración, náuseas,  problemas para tragar, etc. Comenzando a tener limitaciones e interferencias en los ámbitos importantes de su vida: deterioro a nivel social, laboral, personal, pareja, etc.

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Las Fobias Específicas

La reacción de miedo fóbico es desproporcionada con respecto a las exigencias de la situación. No se corresponde con la existencia de una situación peligrosa o amenazante para la persona. Persiste a lo largo del tiempo. La persona no puede explicarla y tiende a evitar de manera reiterada la situación temida. Ante ese estímulo puede aparecer un aumento de la tasa cardiaca, sudoración, elevación de la tensión arterial. Pensamientos relacionados con las consecuencias negativas de exponerse a dicha situación, el sentimiento de incapacidad a la hora de afrontar el estímulo temido. Hasta finalmente evitar exponerse o huir de la situación indeseada.

– Agorafobia

Miedo a estar en lugares o situaciones de los cuales pueda ser difícil escapar o en los cuales pueda no disponerse de ayuda en el caso de tener un ataque de pánico o síntomas similares a los del pánico (mareo, caída, despersonalización, desrealización, pérdida del control de esfínteres, vómito, molestias cardiacas). Como consecuencia de este miedo, la persona evita las situaciones temidas, las soporta con gran ansiedad o malestar o necesita ser acompañada.

agorafobia

– Fobia Social

Pueden estar referidas a estímulos muy específicos (comer, beber o hablar en público, etc) o presentarse de forma generalizada ante diversas situaciones sociales (iniciar y mantener conversaciones, participar en pequeños grupos, asistir a fiestas, etc). Pueden aparecer síntomas fisiológicos como la sudoración, temblor, taquicardia y especialmente el rubor facial. Síntomas que pueden ser observados por los demás, el paciente tiende a percibirlos como señales de incapacidad, falta de valía personal, llevándoles a dudar de sí mismos. También puede aparecer miedo a la desaprobación y a las críticas.

Los pacientes con fobia social tienden a centrar la atención excesivamente en uno mismo y creer que los demás están pendientes exclusivamente de su conducta; evalúan la relación interpersonal con una atención selectiva a los aspectos negativos, que tienden a atribuir a fallos propios; recuerdan selectivamente las relaciones interpersonales negativas; subestiman las habilidades del sujeto en situaciones sociales; etc. Ante estos síntomas fisiológicos, pensamientos y emociones tienden a llevar a cabo conductas de evitación y escape, así como el aislamiento social. La evitación puede observarse mediante un comportamiento pasivo en las situaciones sociales. Por ejemplo: rehuir la mirada, evitar iniciativas en el ámbito social, quedarse en silencio, etc. También puede aparecer otras alteraciones conductuales como muecas, rigidez, conductas de comprobación como por ejemplo, mirarse continuamente al espejo o preguntar a las personas cercanas si se está o no sonrojando.

Trastorno de Estrés Postraumático

Definido por un acontecimiento traumático donde la persona ha experimentado o presenciado algún suceso caracterizado por muertes o amenazas para su integridad física o la de las demás. La respuesta ante esos acontecimientos suele ser de temor, desesperanza o miedo intenso.

Este acontecimiento traumático suele reexperimentarse mediante recuerdos recurrentes del acontecimiento (imágenes, pensamientos o percepciones). Sueños recurrentes sobre el acontecimiento. La sensación de que dicho acontecimiento está ocurriendo (sensación de estar reviviendo dicha experiencia, ilusiones, episodios disociativos de flashback…). Malestar psicológico intenso al exponerse a estímulos internos o externos que recuerden el acontecimiento. Todo ello acompañado con un aumento de la activación, irritabilidad, dificultades para concentrarse, hipervigilancia, respuestas de sobresalto, etc.

Ante estas sensaciones el sujeto tiende a esquivar los estímulos relacionados con el suceso traumático: evitando pensamientos, sentimientos, etc. También puede aparecer dificultad para recordar un aspecto importante del suceso traumático, reducción del interés y la participación en actividades significativas para el paciente… llevando al deterioro en diferentes niveles de su vida, social, personal, laboral, familiar, etc.

Trastorno Obsesivo-Compulsivo

El paciente tiene obsesiones y/o compulsiones. Las obsesiones se refieren a pensamientos, ideas, imágenes que aparecen de repente, en contra de la voluntad de la persona. Esta no puede hacer nada para que desaparezcan. A su vez tiene la sensación de que el contenido de la obsesión es ajeno, está fuera de su control y no encaja en el tipo de pensamientos que él o ella esperaría tener. Siendo capaz de reconocer que estos pensamientos son producto de su mente y que no vienen impuestos desde fuera. Cuando la persona está tranquila, considera sus obsesiones absurdas, sin sentido, pero cuando aparecen no puede evitar angustiarse. Cuanto más se instalan las obsesiones el sentido absurdo de éstas pierde fuerza y surge la duda.

Las obsesiones van acompañadas de ansiedad elevada, difícil de soportar; de manera que tienden a realizar comportamientos con la finalidad de disminuirla.

Las personas con obsesiones tienden a realizar conductas que anulen el posible efecto o consecuencia de dicho pensamiento y también que les tranquilicen.

Las compulsiones son comportamientos o actos mentales recurrentes cuya finalidad es prevenir o aliviar la ansiedad o malestar. Sin embargo no son en sí mismo gratificantes. Las personas con obsesiones se sienten impulsadas a realizar la compulsión para reducir el malestar que supone la obsesión o para prevenir algún suceso o consecuencia negativa.

Las compulsiones pueden ser mentales: rezar, contar… o motoras: por ejemplo pisar baldosas, lavarse las manos, etc.

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